Walking Tall… Caminando con Orgullo.

Tal vez en alguna ocasión te has preguntado porqué el cuerpo humano tiene la forma que tiene o porqué o de dónde viene ese recurrente dolor de espalda. Si es así, no dudes en seguir leyendo esta entrada.

 

 

En un tiempo muy remoto nuestros antepasados acostumbraban a desplazarse, sobre todo, a cuatro patas. Pero los profundos cambios producidos en el entorno que habitaban provocaron que aquellos antecedentes del humano moderno optaran por resolver la situación poniéndose en pie. Comenzaron a caminar y, muy probablemente, ahí comenzó nuestra relación con los dolores de espalda.

En la naturaleza, la supervivencia de muchos animales salvajes depende del correcto desarrollo de todas sus capacidades físicas y motrices. Esta exigencia de vida, junto otras tantas, suele traducirse en que la mayoría de especímenes lucen un porte bastante atlético y una estructura ósea y muscular que, a simple vista, denotan capacidad, agilidad y buena salud.

Nuestra sensibilidad y nuestras emociones nos conforman desde nuestro mismo interior.

En cambio, la naturaleza del ser humano, libre de la especialización animal, ha logrado que nuestra supervivencia como especie no dependa de nuestra fuerza o de nuestras capacidades físicas, brindando a la inteligencia, al esfuerzo y a la imaginación un papel muy importante para nuestro desarrollo tanto individual como social.

Pero pareciera que esta evolución del ingenio humano hubiera ido en contra de su propio desarrollo físico. En algún momento de nuestra evolución social, que quizá comenzó con la división y la diversificación del trabajo, se nos olvidó lo importante que es mantener una buena postura para nuestra salud.


Si quieres aprender algo más sobre tu postura corporal y tu cuerpo no debes perderte esta serie de entradas… sigue leyendo.

 

El desempeño físico de una persona se refleja en la forma que termina por adoptar su cuerpo. Así, en la mayoría de atletas de élite, por ejemplo, no suele resultar demasiado complicado saber cuáles son sus disciplinas, pues cada una requiere un uso distinto del cuerpo. Un uso, supeditado al hacer, que incluso puede llegar a deformar la estructura y al mismo atleta.

Pero no únicamente el uso del cuerpo deja huella en nuestra envoltura exterior. La transformación social que nuestros antepasados protagonizaron dio cabida a todo un seguido de matices que vinieron a sustituir a la fuerza bruta a la hora de transmitir aprobación, inquietud, valía, temor, rechazo, necesidad…

Las fuerzas que rigen nuestro entorno y la actividad física que desempeñamos nos dan forma desde fuera.

Estos matices son las emociones, a través de las cuales el ser humano es capaz de transmitir a sus semejantes más y más variada información de manera mucho más detallada y refinada.

Desde la invención de los primeros vocablos, y tal vez incluso antes, comenzamos a intentar comunicar al resto del mundo todo aquello que sentíamos. Al tiempo, también fuimos capaces de sentir y comprender lo que otros individuos trataban de decirnos.

La morfología humana está exquisitamente diseñada para ejecutar de manera eficaz un sin fin de complejos patrones motores sin apenas sentir la fuerza de la gravedad.

Sin embargo, toda esta inquietud interior se trasluce en nuestro exterior, siendo capaz de moldearnos con tanta intensidad como cualquier oficio o deporte. Y cuando esto sucede… moverse cuesta, la vida pesa.

En algún momento de nuestra evolución social se nos olvidó lo importante que es mantener una buena postura para nuestra salud.

Las fuerzas que rigen nuestro entorno y la actividad física que desempeñamos nos dan forma desde fuera. 

Al tiempo, nuestra sensibilidad y nuestras emociones nos conforman desde dentro, desde nuestro mismo interior.

Afortunadamente podemos trabajar en la comprensión y gestión de nuestras emociones y pensamientos para mejorar nuestro bienestar interior, aquel que habrá de manifestarse también en el exterior.

Si quieres cuidarte por dentro y por fuera no dejes de seguir esta serie de entradas al respecto de nuestra salud postural y emocional.

Mantenerte activo y entrenar de forma continua y planificada es una de las mejores rehabilitaciones que les puedes ofrecer a tu espalda y a tu vida.

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Regalar salud no tiene precio.

 

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