Cómo Mejorar el Mundo

La primera cosa en la que deberíamos fijar nuestra atención, si nuestro deseo es crear algo nuevo, es averiguar cuáles son sus componentes más elementales, aquellos sobre los cuales habrá de sustentarse aquello que queramos construir, siempre con la mejor de las voluntades.

En el caso de las sociedades humanas esa piedra angular no es otra que el mismo ser humano. Y aunque esto último suene un poco tonto, si hiciéramos una encuesta a nuestros compañeros humanos más mayores, con los que compartimos sociedad y/o cultura, encontraremos que muchos de ellos sienten no tener el control de sus vidas, aun cuando no adolecen ninguna carencia material.

 


«Muchas personas sienten
no tener el control de sus vidas.»

En nuestra actual sociedad, anclada en la cultura del consumo convulsivo, los individuos, aquellos que la componen pero que no tienen control sobre ella, parecen estar sintiendo la necesidad de enfocarse de un modo más adecuado en el que más personas puedan tener la oportunidad de identificarse y desarrollar su potencial interior, cualquiera que éste sea. Colaborar, que no únicamente competir, parece no ser una mala fórmula. Pero para ello debemos ser más curiosos y tolerantes.

 

Estamos en un momento de tanta abundancia que no debería ser considerado como una utopía querer progresar sin que nadie se quede atrás. Nunca tuvimos ni tanto conocimiento ni tantos medios, pero quizá nos falte lo más importante… transformarlos en sabiduría. Y para eso es imprescindible aplicar la conciencia; un camino bastante adecuado para acceder a ella es la auto-crítica.

 


Así pues, puede que a nuestra sociedad, para lograr ser un poco más justa y verdaderamente próspera para todos, apenas le falte un poquito de conciencia.

 

Quizá así sí se puedan generar individuos que libremente decidan unirse a sus compañeros de viaje, aportando tanto su talento e ingenio como su curiosidad y ganas de superarse, a fin de imaginar, construir y mantener esa nueva sociedad, más necesaria que utópica.

 

«Nunca tuvimos ni tanto conocimiento
ni tantos medios.«

Pero no son las sociedades las que generan individuos libres; son los individuos quienes libremente deciden unirse para, cooperando, superar cualesquiera que sean los problemas que como conjunto afronten. Porque ciertamente, el ser humano es ser un social que necesita de otros para sobrevivir y desarrollarse y que además camina sobre los pasos de sus antepasados. No podemos, ni debemos, escapar de esa condición. Tampoco debemos olvidar que empezamos asociarnos para facilitarnos la existencia y ayudarnos a alcanzar el propio bienestar.

 

Sólo individuos conscientes de sí mismos pueden acceder a la verdadera libertad, desde la cual sí poder ofrecer tanto potencial a esa nueva sociedad, basada tanto en la necesidad como en la conciencia. Para ello, el individuo debe ganar conciencia de sus verdaderas necesidades; debe estudiarse y observarse buscando dónde y cómo mejorar; debe ser crítico con la forma de sus sentimientos, pensamientos, palabras, acciones y reacciones. El individuo debe aprender a ser responsable.

 

«La conciencia es el único camino
que invita a la libertad.
«

La libertad existe, pero debemos quererla. Debemos querer aceptar la responsabilidad de nuestras vidas, construir nuestra propia identidad y libertad día a día. Sólo así podremos sentir que somos los dueños de nuestras vidas, aquellas que deliberada y libremente decidimos ofrecer para construir, junto con otros seres humanos conscientes, un buen y gran futuro para toda la humanidad.

 

Y debemos quererlo desde el cariño. Sólo aceptando y abrazando lo que ahora somos podremos realizar el gran proceso de transformación individual que pueda llegar a (re)generar una nueva colectividad.

 

Deja un comentario