Condicionamiento: ¿Cuánto de ti hay en ti mismo?

¿Cuántas cosas de tu vida has escogido tú por ti mismo? La libertad y el auto-gobierno son tareas que debemos acometer con verdadero rigor e intensidad.

Eres un ser único e irrepetible, pero… ¿sabes realmente qué hay de auténtico en ti?Diera la impresión que a este respecto no somos demasiado conscientes de cuántas capas se ciernen sobre nosotros. Imagina una matrioska, una de estas bonitas muñecas rusas que encierran dentro otra igual pero más pequeña, luego otra y otra y otra, hasta que finalmente, habiendo empezado por una grande, terminamos con una bien pequeñita. Creo que esa última muñeca, la más pequeña, somos nosotros. Y creo, también, que todas las capas anteriores, esas muñecas grandes, son todos y cada uno de los condicionantes que debemos salvar para llegar hasta nosotros mismos.

Así, elementos sociales, culturales, económicos, políticos y otros de índole parecida condicionan, sí o sí, nuestro día a día e inciden, de algún modo, en nuestra personalidad, estado de ánimo y desarrollo emocional. País, región, comarca, ciudad y barrio son algunas de esas capas que nos recubren y moldean; familia, religión, amigos y actividades son otras. Rasgos de los cuales, y esto es muy normal, nos sentimos muy orgullosos y que en ocasiones enarbolamos cual únicos estandartes de una verdad que otros no son capaces de comprender por no haber nacido donde nosotros. Pero… ¿y si hubiéramos nacido en otro lugar o en otra familia?, ¿podríamos en tal caso seguir portando los mismos ideales con el mismo ímpetu? No, en ningún caso. Y si esto es realmente así… ¿hay alguna bandera que ondear? Sí, sólo la nuestra propia.

Resulta muy apropiada la comparación con las muñecas pues no parece ser mentira que, tras quitar las capas superficiales, queda muy poco de nuestro auténtico Yo. Y es que la presión de las envolturas externas nos oprime en tal modo que, después de resolver todas las obligaciones y responsabilidades que como sociedad y cultura nos hemos impuesto, no nos queda tiempo para dedicarnos a nosotros mismos. De este modo, asuntos igual de urgentes quedan postergados hasta un momento más adecuado, uno que nunca termina por llegar. Pero la llamada, por pequeña que pueda parecernos esa esencia nuestra, es incesante y muy poderosa.

Esas superfluas capas nos moldean y condicionan de una manera que pocos alcanzan a sospechar. Cabe decir que tal cosa es absolutamente necesaria en un inicio, pues nacemos completamente desnudos, en el sentido más estricto del término, y nuestra dependencia hacia otros es total. Pero pareciera que nuestros modelos educativo y social, así como todos aquellos que los acompañan, tienden a perpetuar e incluso acrecentar tal dependencia. Finalmente, ya como individuos adultos, pasamos a formar parte de un sistema en el que todo parece encajar a la perfección; todo menos nosotros, que siempre tenemos la sensación de vivir calzando unos zapatos que no son de nuestra talla.

¿Cuánto de ti mismo hay en ti? ¿Cuánto tiempo has dedicado a investigarte y a averiguar por qué piensas y actúas como lo haces? ¿Cuántas cosas de tu vida has escogido tú por ti mismo? ¿Qué es lo que verdaderamente necesitáis tú y los tuyos? Nuestro actual entorno, aun en el mejor de los casos, tiende a homogeneizar, dejando muy poco margen para la unicidad y la autenticidad, a los sentimientos y las buenas intenciones.

Parece pues que ésta, la de la libertad y el auto-gobierno, es una tarea que debemos acometer con más rigor e intensidad. Quizá va siendo hora de escrutarnos con verdadero espíritu crítico en aras de sentirnos bien, pero bien de verdad. Ha llegado, por fin, el momento de descubrirnos y de querer ser algo más allá de lo que otros, o la misma jerarquía social, pretenden para nosotros. Es tiempo ya, de una vez por todas, de comenzar la aventura de descubrirnos a nosotros mismos. ¡Bienvenidos al club!

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