El Ser Humano: Cara A, Escasez y Abundancia.

Nuestro desarrollo siempre se ha visto marcado por etapas de escasez y abundancia. Una balanza que ahora tenemos la oportunidad de equilibrar y que empieza por nosotros mismos.

 

Precariedad y Abundancia.

Durante siglos el ser humano se ha visto limitado por sus imperativos fisiológicos. Así, la reproducción y la producción de alimentos eran sustento primordial para la supervivencia de la especie en épocas donde la abundancia no era la norma.

Llenar el estómago ya requería un terrible esfuerzo y, con excepciones dependiendo de localizaciones y épocas concretas, la cultura y la educación estaban reservadas a determinados estamentos o clases sociales. Sin embargo, a pesar de las dificultades, era imposible desoír la llamada.

Pero el escenario cambió cuando hace apenas un par de siglos los avances tecnológicos se unieron a la aplicación de nuevas fuentes de energía para convertir a la nuestra, y a un ritmo vertiginoso, en la sociedad de la superproducción y la abundancia.

La escasez parecía ahora cosa del pasado y, al menos en nuestra parte del pastel, ya no debíamos preocuparnos como antaño de asegurar nuestra manutención. Esto desembocó en una explosión demográfica como nunca antes se había dado en toda nuestra historia.

 

Abundancia y Tiempo Libre.

A la par, la máquina, dicen, ha liberado al ser humano. La mayoría de procesos se han automatizado haciendo de la presencia del hombre una mera formalidad, apenas un torpe intento de humanizar la sociedad tan aséptica que estamos creando.

De nuevo en occidente, disponemos de más tiempo libre y los recursos son mucho más accesibles. Pero nuestra necesidad de búsqueda nos sigue azotando.

Dentro de esos recursos potenciales encontramos la sanidad, la educación, la formación y la cultura como pilares fundamentales que ayudan al individuo a desarrollar y refinar su esencia. Estos, sobre todo el arte y la lectura, siempre fueron elementos imprescindibles para el progreso del alma sensible.

Occidente, con la vieja Europa como matriz, siempre tuvo estos aspectos presentes; pero hoy se han demostrado insuficientes para el pleno desarrollo del individuo y de una colectividad ecuánime, pues en muchos aspectos pueden seguir siendo términos elitistas cuya cúspide, sobre todo en cuanto a interpretación y aplicación, queda en unas pocas manos y que, además, no aseguran la debida gestión de los valores colectivos.

 

¿Individualidad o Colectividad?

Aquí, en la parte del mundo que todo lo tiene, hemos confundido durante mucho tiempo el estado del bienestar material colectivo con el bienestar interior individual, creyendo que uno conduciría al otro. Pero no ha sido así, o al menos no del todo.

La insatisfacción acecha en cada esquina y la sombra de éste nuestro estilo de vida moderno nos ha empujado, por fin, a preguntarnos si somos realmente libres.

La sociedad del consumismo se ha convertido en un laberinto en el que, a menudo con agrado, nos perdemos a sabiendas de que apenas lograremos anestesiar aquellas inquietudes que, antes o después, volverán a aflorar para recordarnos que no estamos siendo sinceros con nosotros mismos.

 

Consumismo e Insatisfacción.

Los objetivos no se han cumplido, las políticas económicas y las medidas sociales nos han conducido a un escenario de crispación general donde las relaciones entre unas y otras naciones, y entre sus mismas poblaciones, se tensan según los intereses de sus élites.

Muestras innegables del fracaso de nuestro sistema de valores es haber consentido que el bienestar de un tercio del planeta se base en el malestar del resto, que la guerra y el armamento o el sexo y las drogas se hayan convertido en los negocios más lucrativos del mundo o que los antidepresivos y los analgésicos se encuentren entre los remedios más prescritos por la medicina moderna.

 

Responsabilidad Individual.

Durante largo tiempo hemos delegado en otros nuestras propias decisiones, incluso aquellas que nos correspondían como conjunto. Pero por fin hemos comprendido que tener más por fuera no asegura sentirnos verdaderamente satisfechos por dentro.

Apenas ahora comenzamos a ver la magnitud de las consecuencias de esta pasiva actitud en nosotros, en nuestra comunidad y en el planeta.

Y no sólo nos hemos dado cuenta de que podemos hacerlo mejor sino que, ahora que sabemos, queremos y vamos a hacerlo mejor, mucho mejor.

Así es como precariedad y abundancia nos han mantenido alejados de nuestro centro. Pero  tenemos la oportunidad de buscarlo de nuevo a través del Desarrollo Personal.

El Desarrollo Personal nos ofrece la posibilidad de volver a tomar las riendas de nuestra propia existencia, de cuestionar nuestros objetivos individuales y colectivos y de acercarnos un poquito más a nuestra esencia a través de la compresión, el auto-conocimiento y la responsabilidad.

 

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