Quiero Ser Tu Libertad…

Mi libertad nace allí donde la tuya brota ansiosa y sin impedimento alguno y sin ti yo nunca sería nada.

Siempre escuché aquello de… tu libertad termina donde comienza la de los demás. Esta frase resuena en mi muy alborotada cabeza, y resuena mal.

Resulta interesante jugar con la idea de que mi libertad, o la tuya, no puede terminar allí donde comienza la tuya, o donde la mía acaba. Porque esto, además de seguir sonando no demasiado bien, parece bastante limitante y, por ende, poco conveniente.

La libertad nunca puede poner, ni tener, límite alguno porque en tal caso deja de ser tal cosa inmediatamente.

Es divertido pensar que tu libertad es el espejo al cual yo me debo asomar para reconocerme y darme forma. Y esto podría ya sentarle mejor a mi cabeza; puede que también a la tuya.

Tal vez haya quien no quiera comprender pero yo, por más vueltas que le doy, no me sorprendo al concluir que el último ser humano en la Tierra no sería más libre que ninguno de sus antiguos y desventurados compañeros de especie. Seguramente lo que sí se sentiría, ese último ser humano, es condenado a la más absoluta soledad.

Continuando con este planteamiento, también me da la impresión de que, en el caso de las libertades limitadas, dos seres humanos no podrían sumar nunca una sola libertad verdadera, como tampoco se podría encontrar tal libertad, la buena, en un país entero, siquiera en todo el planeta.

En cambio, me seduce la idea de que mi libertad necesita, sí o sí, de la tuya en toda su magnífica extensión, pues cuanto más os expandís vosotros, tu libertad y tú, más podremos expandirnos nosotros, la mía y yo mismo.

Cuando enfrentamos un espejo a otro espejo, igual o de distinta forma, no obtendremos dos reflejos independientes sino un espacio infinito que jamás podrá ser ocupado en su totalidad. Por tanto, exponer mutuamente nuestras libertades no puede desembocar en otra cosa, si no, que en una infinita libertad.

Pero, sin duda, hace falta algo más que un reflejo para construir una libertad. De hecho da la impresión, y no sólo en ocasiones, de que nuestra actual libertad pudiera ser eso mismo, apenas un reflejo de aquello que debería ser.

Mi libertad nace allí donde la tuya brota ansiosa y sin impedimento alguno y sin ti yo nunca sería nada. Porque los verdaderos límites no contemplan la libertad del mismo modo que la verdadera libertad no contempla, ni de lejos, límite alguno, sea éste falso o verdadero.

 

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