10 Características de la Pubertad.

En esta entrada reseñamos algunas de las características principales de los cadetes de la casa.

Hasta ahora habéis hecho un buen y gran trabajo. Pero si queréis aprender más sobre cómo seguir acompañando a vuestros seres más queridos os recomendamos leer esta entrada.

El desarrollo de la vida está marcado por interesantes etapas, cada una de las cuales aporta un seguido de enseñanzas que las personas debemos incluir en nuestro acervo particular a fin de desarrollarnos y vivir más y mejor.

La pubertad es otra de esas etapas de la vida llena de cambios muy interesantes para nuestros hijos e hijas. También es conocida como Adolescencia Temprana.

Si bien crecer o cambiar no es ninguna novedad para ellos, sí lo es la conciencia de sí mismos que la nueva perspectiva desde la que ahora ven el mundo ofrece.

Ayer, siempre fueron más pequeños que sus referentes. Hoy, ya se asoman a nuestros hombros o cabezas con la bendita soberbia de quienes saben tienen la biología de su lado.

Donde ayer no podían, hoy tienen que aprender a preguntarse si deben.

Toda esta erupción de potencial les hace creer que pueden más de lo que deben y se arrojan al mundo con más ganas que posibilidades aparentes. Pero así es como tiene que ser.

Obviamente, las limitaciones parentales, o de cualquier tipo de autoridad adulta, les resultan incómodas y ellos suelen asociar estos límites a la falta de valor o las ganas de hacer la puñeta.

Su desarrollo es tan evidente para ellos que creen que este simple hecho ya les licita y capacita para reclamar más libertad y autonomía.

Debido a esto, entienden la disciplina como un intento de domesticarles y de aplacar su autenticidad, motivo por el cual responderán con monumentales pataletas o con el empleo de tonos y formas desafiantes y autoritarias, en ocasiones no exentas de cierta violencia. (ver… La Disciplina del Cariño.)

Todo esto porque sienten la necesidad  de dejar de ser sólo un simple niño pequeño. Pero no tienen nada claro cómo hacerlo.

El chantaje emocional también ampliará su repertorio de estratagemas y éste también será el momento en que nos podríamos llegar a arrepentir de no haber estado más atentos al ejemplo que hemos estado ofreciendo. (ver… Distancia Emocional.)

Debemos entender que este tipo de actitudes apenas denotan su verdadera incapacidad, su impotencia y su rabia por no poder conseguir aquello que se quiere y que no son más que un intento de salirse con la suya.

Los adultos ya no son mayores. Son viejos sin agallas y sus cosas no resultan tan atractivas como antes, sentimiento este que se agudizará sobremanera durante la adolescencia.

Ser mayor exige responsabilidad y esfuerzo, así que buscan el apoyo de los suyos, por lo que tienden a agruparse en manadas o a aislarse del mundo adulto. (ver…Adiós Infancia. Hola Pubertad.)

No tienen nada claro qué es lo que quieren.
Pero sí saben qué no quieren.

Muchos adultos atribuyen esto a una personalidad muy sensible e introvertida o a un carácter excesivamente enérgico y rebelde.

Sea como fuere, siempre se tratará de un tema de baja autoestima, provocada por las genuinas dudas que generan los nuevos retos en ellos.

Socializar, ir bien vestidos y peinados, ser aceptados y no hacer mucho caso son algunas de sus máximas preocupaciones durante este periodo de transición hacia la adolescencia.

Aún con todo, no son más que niños grandes queriendo aprender a ser ellos mismos y que, a pesar de sus valentonadas, todavía nos necesitan más que menos.

Pero eso habrá de cambiar y algún día deberán ser verdaderamente capaces de valerse por sí mismos.

Entre tanto, ofrezcámosles el mejor acompañamiento posible.

Estas son apenas 10 características que los ya no tan niños muestran entre los 11 años y los 16 años:

  • su energía parece algo disipada; estando esto relacionado con la apatía de hacer bajo mandato o de tener que decantarse por hacer esto o aquello.
  • se muestran mucho menos colaborativos o comunicativos; suelen negarse en redondo ante cualquier propuesta, sobre todo si ésta proviene de los padres, y ya no comparten con tanta facilidad sus pensamientos y/o inquietudes. (3 Sencillos Consejos para Mejorar la Comunicación con tus Hij@s.)
  • nuestras explicaciones ya no son suficiente; su mundo ha aumentado exponencialmente. Las preguntas comienzan a resultar algo más complejas y las respuestas ya no están siempre tan a mano. Papá y Mamá… no lo saben todo, pero pueden seguir aprendiendo.
  • ya no somos sus principales referentes; deportistas, cantantes, actores/actrices… Por lo general personas de fuerte personalidad, con carisma, autoridad y, normalmente, un físico o unas habilidades muy llamativas; alguien a quien poder imitar de nuevo, a pesar de no saber si realmente tienen algo bueno que ofrecerles. Cualquiera menos nosotros.
  • comienzan a desafiar abiertamente la autoridad; sobre todo la paterna. No les gusta que les manden… y encima te lo hacen saber.
  • suelen mostrar cierto grado de apatía y desmotivación; proveniente del rechazo de lo antiguo y de la incapacidad de enfocarse, debida a su falta de experiencia, ante lo nuevo. Además, no es fácil querer hacerse mayor negando el mundo de los mayores.
  • hay una mayor exigencia en los resultados; ya no cuenta tanto el intentarlo como el hacerlo bien.
  • hay una mayor carga de responsabilidad; se les exige más eficacia, pero no con la misma ternura y comprensión que antaño, y el fallo suele estar asociado a la falta de esfuerzo o interés.
  • se empieza a exigir responsabilidad; esto es bastante delicado, pues es muy complicado pedirle a alguien que hasta la fecha no ha tenido que hacer demasiado para salir adelante. Cuando les pidamos… se quejarán. No les apetecerá esforzarse y aparecerá la falta de motivación, que no es más que no tener ganas de esforzarse en cosas ajenas y ahora… todo lo es.
  • su espejo sigue reflejándonos; si bien quizá ahora la imagen nos parezca algo más borrosa y/o distorsionada y no resulte de nuestro agrado reconocerlo.

La pubertad es otra de las crisálidas que nuestros hij@s deben romper para seguir avanzando y desarrollándose en la vida.

Una etapa que conduce a la no menos turbulenta adolescencia. Pero esa… será otra entrada.

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