Adiós Infancia. Hola Pubertad.

La pubertad es otra de las crisálidas que nuestros hij@s deben romper para seguir avanzado en la vida.

Si tienes hij@s entre 11 y 16 años y quieres comprender mejor esta etapa de su desarrollo te interesa seguir leyendo esta entrada.

 

La pubertad, también conocida como adolescencia temprana, es otra de esas etapas de la vida llena de cambios muy interesantes.

Huelga decir que la mayoría de estos cambios son más que deseables y que de no producirse podría verse comprometido el correcto desarrollo madurativo de nuestros hij@s.

Pero, en no pocas ocasiones, muchos padres y madres se sorprenden cuando caen en la cuenta de que sus pequeños ya no parecen ser ni tan pequeños ni tan suyos.

No os preocupéis. Vuestros hij@s siguen siendo muy vuestros, un pedacito de vosotros.

El caso es que ellos empiezan a querer ser ellos mismos y para eso necesitan, en cierto modo y grado, desvincularse de su aún reciente y fresco pasado.

Algunas diferencias entre la infancia y la pubertad.

Antes de los 11 años:

  • hacen gala de una vitalidad casi infinita; desbordan energía y es normal, la necesitan para afrontar todos los retos que están por venir.
  • son más comunicativos y/o colaboradores; hablan más que menos y siempre están dispuestos a hacer esto o aquello otro.
  • nuestras explicaciones son toda su verdad; su mundo todavía es muy pequeño y nosotros somos la fuente principal a la que acuden para resolver cualquier duda que les pueda pasar por la cabeza.
  • somos sus principales referentes y su fuente de inspiración; papá y mamá son poco más que héroes, capaces de hacer y conseguir cualquier cosa. Siempre han estado ahí y, por ese mismo motivo, serán también los primeros en caer.
  • responden con más facilidad ante la autoridad; resulta relativamente más sencillo inducirles a hacer las cosas que les proponemos o imponerse ante sus insubordinaciones.
  • suelen mostrar bastante entusiasmo y curiosidad ante las novedades; todo es nuevo, desconocido y sorprendente para ellos. Las cosas de los mayores molan y están esperando crecer para imitarnos.
  • sus esfuerzos siempre suelen recibir una valoración positiva; hasta la fecha todo lo que hacían era visto como una señal positiva de avance.
  • se les motiva desde una perspectiva más positiva; se entiende que es más favorable aplicar un filtro positivista a la hora de invitarles a esforzarse más y se les facilita todo tipo de ayuda. Se valora el esfuerzo y el intento por encima de los resultados.
  • hasta ahora han contado con más privilegios que responsabilidades; no equilibrar esta balanza será motivo de futuros problemas a estos respectos.
  • son como un espejo; para bien o para regular ellos nos devuelven el reflejo de nuestra actitud general hacia la vida. Ellos no saben… ellos copian y eso sí saben hacerlo muy bien.

 

De los 11 a los 16 años:

  • su energía parece algo disipada; estando esto relacionado con la apatía de hacer bajo mandato o de tener que decantarse por hacer esto o aquello.
  • se muestran mucho menos colaborativos o comunicativos; suelen negarse en redondo ante cualquier propuesta, sobre todo si ésta proviene de los padres, y ya no comparten con tanta facilidad sus pensamientos y/o inquietudes. (3 Sencillos Consejos para Mejorar la Comunicación con tus Hij@s.)
  • nuestras explicaciones ya no son suficiente; su mundo ha aumentado exponencialmente. Las preguntas comienzan a resultar algo más complejas y las respuestas ya no están siempre tan a mano. Papá y Mamá… no lo saben todo, pero pueden seguir aprendiendo.
  • ya no somos sus principales referentes; deportistas, cantantes, actores/actrices… Por lo general personas de fuerte personalidad, con carisma, autoridad y, normalmente, un físico o unas habilidades muy llamativas; alguien a quien poder imitar de nuevo, a pesar de no saber si realmente tienen algo bueno que ofrecerles. Cualquiera menos nosotros.
  • comienzan a desafiar abiertamente la autoridad; sobre todo la paterna. No les gusta que les manden… y encima te lo hacen saber.
  • suelen mostrar cierto grado de apatía y desmotivación; proveniente del rechazo de lo antiguo y de la incapacidad de enfocarse ante lo nuevo, debida a su falta de experiencia. Además, no es fácil querer hacerse mayor negando el mundo de los mayores.
  • hay una mayor exigencia en los resultados; ya no cuenta tanto el intentarlo como el hacerlo bien.
  • hay una mayor carga de responsabilidad; se les exige más eficacia, pero no con la misma ternura y comprensión que antaño, y el fallo suele estar asociado a la falta de esfuerzo o interés.
  • se empieza a exigir responsabilidad; es muy complicado pedirle a alguien que hasta la fecha no ha tenido que hacer demasiado para salir adelante y cuando lo hagamos… se quejarán. No les apetecerá esforzarse y aparecerá la falta de motivación, que para ellos no es más que no tener ganas de esforzarse en cosas ajenas y ahora… todo lo es.
  • su espejo sigue reflejándonos; si bien quizá ahora la imagen nos parezca algo más borrosa y/o distorsionada y no resulte de nuestro agrado reconocerlo.

 

¿Cuál es el motivo de todos estos cambios?

El motivo no es otro, como ya hemos apuntado, que la necesidad del niño de dejar de ser sólo un niño. Pero no tienen nada claro cómo hacerlo.

La pubertad es otra de las crisálidas que nuestros hij@s deben romper para seguir avanzando en la vida.

Está más que claro que sin nuestra tutela, sin nuestros cuidados o sin nuestra sabiduría ellos no hubieran sobrevivido. Pero esto es algo que sólo sabrán entender y valorar debidamente algunos años más tarde.

Hasta la fecha han sido, prácticamente, como nosotros hemos querido que sean.

Y en cierto modo esto es también bueno y deseable, pues aquellas pequeñas personitas eran totalmente dependientes e inexpertas y carecían de la capacidad adecuada para tomar las decisiones más básicas.

Antes, su realidad y su ejemplo éramos nosotros. Ahora, deben comenzar a asomarse a un mundo totalmente desconocido, que todavía no son capaces de comprender, y mucho menos digerir, para seguir formando y desarrollando su propio carácter.

El ego tiende a acentuarse y, para ellos, una forma muy sencilla de mostrar personalidad, o las ganas de tenerla, es:

  • negarse a hacer lo que hasta ahora siempre se ha hecho,
  • llevar la contraria prácticamente por defecto,
  • el empleo de tonos y formas desafiantes y autoritarias, en ocasiones no exentas de cierta violencia.

Ignorar, desafiar o desobeceder la norma serán algunas de las actitudes que fácilmente podremos esperar de ell@s.

 

¿Cómo ayudarles a gestionar mejor esta etapa de sus vidas?

Si somos conscientes de los motivos que impulsan estos cambios de conducta en nuestros hij@s podremos ser capaces de enfocar convenientemente cada situación y de ayudarles mejor llegado el momento o la necesidad.

Es importante recordar que esta supuesta animadversión hacia los roles paternos no es en absoluto nada personal o visceral.

Por el bien del niñ@, los padres deben caer, pues hasta ahora han sido y simbolizado absolutamente todo para ellos. Pero esto no significa que nos odien, que no nos quieran o que, de repente, se hayan vuelto unos ingratos.

A fin de encontrar su propio camino, los futuros jóvenes necesitan adoptar nuevos referentes.

Normalmente estos referentes suelen cortar con los antiguos y este corte es tan abrupto como afinidad sentían por lo viejo.

Tampoco olvidemos que cada etapa se sustenta en la anterior y que toda experiencia pasada incidirá en el futuro más próximo.

Recordemos también que en la etapa anterior de desarrollo fue fundamental que tuvieran el máximo de experiencias posibles y se les invitaba a ponerse a prueba a fin de enriquecer su futuro.

Vivir nuevas experiencias es ahora tan importante como lo fue antes. Negarles el desarrollo de su propia personalidad o tener sus propias experiencias supondría restarle capacidades al adulto que han de llegar a ser.

Pero el hecho de que hayan crecido no significa que no requieran ya de nuestra tutela o de límites.

Si bien sí es cierto que resulta conveniente que estos últimos se flexibilicen un poco a fin de que el antiguo infante sienta que puede aventurarse en lo desconocido del nuevo mundo.

Por estos motivos la red que tanto protegía antes debe hacerse un poco menos patente, pero debe seguir existiendo. Aunque es del todo deseable que comiencen a responsabilizarse de sus actos, pues algún día deberemos quitar la red.

Si esta red aprieta mucho puede llegar a deformar y/o asfixiar. Si, en cambio, es excesivamente holgada podríamos estar exponiéndoles nosotros mismos a riesgos innecesarios antes de tiempo.

En ambos extremos se encuentra el peligro y en el término medio está la virtud.

El éxito de nuestra labor parental dependerá de saber conjugar debidamente dosis de libertad con dosis de responsabilidad. 

Aquí os dejamos nuestros 5 prácticos consejos que nos ayudarán a gestionar mejor la relación con nuestros hij@s durante la pubertad, esta etapa tan interesante de sudesarrollo:

  • mantener la calma y un buen talante siempre será de gran utilidad a la hora de gestionar cualquier eventualidad o nueva ocurrencia que nuestros hij@s, ávidos de aventuras, estén dispuestos a acometer.
  • para situaciones complejas la Distancia Emocional nos orientará en la toma de decisiones delicadas. 
  • la capacidad de diálogo, la comprensión y la confianza también ayudarán, así como una firme disciplina bien administrada. (ver… La Disciplina del Cariño)
  • el establecimiento de normas pactadas entre todas las partes puede facilitar la comunicación y la convivencia.
  • hacerles experimentar con la responsabilidad de tomar sus propias decisiones y dejarles asumir las consecuencias de sus propias acciones les resultará muy práctico en un futuro muy próximo.

A fin de cuentas nosotros sí sabemos de qué va la película, hemos llegado a viejos y eso tiene su mérito. Ellos… tienen la adolescencia a la vuelta de la esquina. Pero eso… será otra entrada.

 

2 comentarios en «Adiós Infancia. Hola Pubertad.»

    • «La experiencia es la Abuela de la ciencia.»
      Muchas gracias por tus hermosos comentarios Eliana.
      Opino que no te falta razón y que tus lindos
      nietos deben estar encantadísimos con su abuela.
      Abraço.

      Responder

Deja un comentario