¿Hacer lo que se PUEDE o hacer lo que se DEBE?

Casi todo el mundo pretende salirse con la suya y, casi todo el mundo también, se enfada, y hasta amenaza con dejar de respirar, si no lo consigue. Enfadarse en un recurso que las personas utilizan para mostrar su desacuerdo ante las negativas de unos u otros.

Es muy curioso que estos enfados surjan con determinadas cosas pero no con otras. Por ejemplo, enfada bastante que no te dejen salir hasta la hora que tú quieres, que no te suban la paga semanal, que no te compren las cosas que tú quieres o que te obliguen a colaborar con las tareas domésticas.

«De lo que no te gusta…
el doble,
de lo que te gusta…
la mitad

En el instituto, enfada mucho que te pongan un parte por mala conducta, que te llamen la atención por llegar tarde o por no atender y/o interrumpir las clases, que te pongan una mala nota en un examen aunque no hayas estudiado o que un compañero te delate cuando has hecho no demasiado bueno.

Repito que me parece curioso porque todo lo mencionado tiene que ver con que nadie te obligue a hacer ciertas cosas; cosas que, si te fijas un poco, están destinadas casi siempre a mostrarte un orden, el cual resulta ser bastante beneficioso para ti. ¿Qué crees que te pasaría si durante un mes te acuestas siempre a la hora que te dé la gana o no bajaras la basura en tu casa? Claro que podrías, pero… ¿debes intentarlo siquiera?

«Sin auto-crítica corremos
el riesgo de ser víctimas de
nuestra propia impulsividad.»

Por otro lado, sigue siendo curioso porque otras de esas cosas están relacionadas directamente con tu capacidad de hacer cosas que ya sabes que no están del todo bien, que nadie te obliga a hacer y que casualmente sólo te molestarían si fueras tú quien las sufriera. ¿Te imaginas que alguien te agrede en el patio del instituto y nadie acude en tu ayuda o nadie se atreve a relevar la identidad del agresor/a?

Creo tener claro que actuando así, en realidad, no pretendéis hacer daño a nadie sino apenas hacer notar vuestra independencia y personalidad. Y puedo entender esta última necesidad, la de ser uno mismo y que, además, los demás lo noten. Lo que tengo no tan claro, y creo que en realidad vosotros tampoco, es que esa actitud que soléis adoptar sea realmente tan beneficiosa para vosotros o que muestre verdadera capacidad de independencia o un mínimo de personalidad.

«Enfadarse es un recurso que
las personas utilizan para mostrar
su desacuerdo ante las negativas.»

Está más que claro que sois bien capaces de esas cosas, pero también que podríais hacer todo lo contrario. Parte de hacerse mayor pasa por aprender a ser responsable de uno mismo, lo cual significa, entre otras cosas, ser capaces de gobernarnos mínimamente en nuestro día a día, a fin de vivir mucho y bien.

Imaginad que alguien quisiera comer sólo y siempre chocolate con churros. ¿Podría? Sí, sin duda. Pero… ¿qué le pasaría a su salud? Entonces… ¿debe hacerlo? La mayoría de esas cosas que nos enseñan y brindan ese orden deseable suelen resultar muy incómodas pues suponen intentar domar esa parte salvaje y caprichosa que todos tenemos dentro. Y no se trata de matar a esa bestia interna, apenas que ella no termine con nosotros.

«Debemos cuestionar con
más intensidad nuestra forma de
relacionarnos con los demás.»

A hacer lo que se debe algunos le llaman ser responsable. Otros lo consideran la única manera de poder vivir bien, pues nos invita a criticarnos y moderarnos, brindándonos la oportunidad de conocernos y mejorarnos día a día. De otro modo correríamos el riesgo de ser víctimas de nuestra propia capacidad de poder hacer cosas, de nuestra propia impulsividad.

Mi padre siempre me decía a estos respectos: de lo que no te gusta… el doble, de lo que te gusta… la mitad. Quizá no sería tan mala idea intentar enfocar tanto poder hacer en aquellas cosas que deben ser hechas; quizá debamos cuestionar con más intensidad nuestra forma de ser, de reaccionar o de relacionarnos con los demás. Claro que puedes levantarte del inodoro sin limpiarte el culo, pero… ¿debes? Tu culo es.

 

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